1 de septiembre de 2013

Eva

Luego de hablar con la serpiente, mordió la manzana y salió corriendo.
Por vez primera fue consciente de sus formas, de su cuerpo, de su desnudez…
Terminó la manzana hasta el último bocado; no había duda era deliciosa.
De pronto se acordó  de su compañero, no había ya qué ofrecer.

Corre hacía él, con la dulzura aún en los labios
Quiere compartir el inexistente fruto,
Desea que él experimente el  mismo sabor, su exquisitez…

Ya no puede volver al árbol prohibido ….
Y en medio de la tristeza se da cuenta que ella es el mejor fruto
Y se ofrenda a él…

Desde ese día son parias,
Vagan por fuera del cielo, arando la tierra, trabajando con ahínco por un mendrugo de pan …

Lo que no sabía el creador era que el paraíso lo llevaban consigo,
Y que a pesar del trabajo y la estrechez siempre tendrían en el cuerpo del otro  las mieles del
Edén…