6 de mayo de 2012

Es témprano en la mañana. Todos duermen. Solo el ruido monotemático del abanico me acompaña. Qué delicia estos espacios de soledad momentanéa. No hay gritos, ni labores que hacer, solo el maravilloso ruido del abanico y yo. Aprovechando la recien descubierta paz que produce en mí, el rapido aletear del ventilador intento poner fin a esta sequía de letras y quiero escribir algo medianamente decente, que pueda resistir a mi única crítica, lectora y "fans" - Yo misma- pero nada aflora. Recurro a mis tristezas - que son muchas- y a mis alegrías - que son pocas- pero nada de eso pone a funcinar los dedos. Estoy en un desiertto total, nada fluye. Como añoro aquellos tiempos en los que me sentaba y el lapicero practicamente se movía solo, como poseido, garabateando poemas, cuentos, relatos. Ya , al parecer, la musa se fue - o simplemente nunca estuvo- y no soy más que un intento fallido de escritora.
A dónde se fueron las palabras que no las alcanzo? Ya no soy capaz de descifrar el orden correcto y traducirlas en un poema, creo que ahora si me terminé de secar y me he convertido en un ente que existe, trabaja, cumple y come. Dios! me he convertido en lo que tanto temía.
Espero que las palabras sigan esperandome como mis más fieles amigas a que depronto un rayo de luz y una gota de aguas puedan revivirlas en mi corazón. Aún conservo esa esperanza!