20 de enero de 2010

El Celacanto


El celacanto daba vueltas y vueltas sin parar en la profundidad de las aguas. Sonreía pensando en lo feliz de su anonimato, pues lo creían extinto desde hace millones de años. Así estaba tranquilo, pues ya se imaginaba a los científicos y cazadores persiguiéndolo por un motivo o por otro. Ahí, en la oscuridad de su mar, con uno que otro pez entrometido merodeando, definitivamente era feliz. Pero, siempre hay un pero, un día su joven hijo alcanzó ver una tenue luz en medio de tanta oscuridad y quiso saber de donde provenía. De forma silenciosa, nadó por primera vez en su vida hacía la superficie en busca de ese brillo fugaz. Y la vio y era hermosa y tenía una belleza inigualable y se enamoró de ella.
El celacanto todas las noches se escabullía de los dominios de su padre, solamente para ir a verla, le encantaba como brillaba, como derrochaba su pequeño fulgor en la superficie del mar…era tan hermosa, tan hermosa como inalcanzable, nunca lo miró, nunca le dijo nada… lo ignoraba. Una de esas noches, el enamorado no se percató que un viejo pescador estaba en su barca. Le sorprendía ver un pez así, era diferente a los demás…decidió pescarlo… y lo logró. Lo metió en una pequeña piscina improvisada y lo llevó al pueblo para que todos vieran al extraño espécimen. El pez, echó una última mirada a su amada .Por su gruesa piel rodó una lágrima invisible y esperó la muerte, que llegó solo 16 horas después, no pensó en resistir tanto, tal vez el último reflejo de ella le había dado fuerzas.
Desde ese día, la noticia del hallazgo de un pez considerado un fósil viviente rodó por todo el mundo, y muchos pescadores quisieron tenerlo. El viejo celacanto lamentó su suerte. Ahora él y los suyos tenían que huir. Todo, por una luminosa estrella.

14 de enero de 2010


En enero una amiga ,me regaló uno estrella de mar para que me iluminara los once meses restantes, pensé que bromeaba, pero me dijo muy seriamente que era verdad, que iluminaba el camino de su poseedor en las noches más oscuras y yo le dije que estaba loca. La primera noche que estuvo conmigo, me desperté a eso de la media noche, pues un resplandor desconocido salía de mi estante de libros. Ahí, entre a Cortázar y Gabito la pequeña estrella invadía de colores mi sala. Por un instante me sentí una niña otra vez, la paz que solo tiene los pequeños me invadió y fui verdadera e inexplicablemente feliz por unos momentos.
La estrella se apagó y todo volvió a la normalidad.Pensé inmediatamente en mi amiga, la llamé y le di las gracias, ella solo se rio y me dijo que siempre tenía la razón.
Ya ha pasado tiempo desde eso y aún conservo la estrella, pero mi amiga se equivocó en algo: la estrella no solo me liuminó los doce meses de ese año, sino que su resplandor me ha acompañado toda la vida...