
Luego de mucho tiempo y un esfuerzo agotador, la araña terminó de tejer su red. Cada hilo de seda era fuerte y resistente justo para atrapar a un delicioso bocadillo, al que esperaría con paciencia y ánimo, pues sabía que con ello recuperaría la energía perdida en el arduo trabajo. Satisfecha por su obra, se dispone a esperar, pero en el momento en que se acomoda, la dueña de casa se da cuenta de su presencia y de un solo escobazo destruye todo.
La araña, cierra sus ochos ojos y de cada uno sale una lágrima. Luego, vuelve a comenzar...