
...Y ahí estaba él,
con su piel pálida, sus rizos dorados y sus ojos de mar
listo para cegar la vida del monstruo encerrado en el laberinto...
La lucha comenzó,
el joven peleaba con toda la fuerza que su cuerpo le permitía,
hiriò una y otra vez al terrible engendro
pero este no le hacía nada,
solo le propinaba torpes golpes,
suficientes para poner a salvo su honrra.
En medio de la lucha sus ojos se encontraron
y el minotauro en un violento golpe desarmó a su oponente
y lo puso a su merced,
justo cuando el joven pensó que sus días habían terminado,
el monstruo en lugar de dar un certero golpe o de herirlo a muerte con su propia espada,
solo lo tomó entre sus brazos,
lo puso con cuidado en el piso
y con su gruesa voz le dijo que era con él quien había soñado todas las noches de su vida,
le dijo que era su mirada azul
la que habia iluminado la oscuridad de su laberinto,
le susurró que todos los días lo esperaba,
que lo conocía aún sin haberlo visto jamás...
Fue entonces,
cuando Teseo
le propinó al Minotauro la peor de las heridas:
Una carcajada burlona se escuchó y fue tan certera ,
que el Minotauro tomó la espada de su amado y la empuñò contra si, causándose el mismo la muerte.
Teseo, limpió la espada
y empezó a enrrollar el ovillo para encontrar la salida,
en el camino pensaría qué decir...

